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La noche, los lagos . . .


Vi el lago a lo lejos. Bajo si llovían estrellas cargadas de palabras. Llovían estrellas que se estrellaban contra el reflejo del agua. Palabras que solo salen de mi boca como amores jamás dichos. Besos que alimentan los ríos de melancolía, risas que crean tsunamis en mis labios. Y tu salías de ahí con un rocío cristalino, brillo de piel nocturno, en el silencio de la noche solo es capaz de escucharse la voz de los amantes eternos. Esa voz donde te escribo con mis dedos, donde las letras simplemente fluyen como el viento en la tierra. Aire que respiras.

No hay rayo de sol que no nos alcance como las metáforas de nuestra complicidad. Pues es así como tu me descifras en una mirada, y yo hago lo mismo.
Nuestro amor que para el mundo es algo ordinario, para nosotros se ha vuelto algo extraordinario. Por que los peces nada y nos encuentran en sus aguas y nos comen.
Y luego viajamos a través de ellos, salimos al aire y regresamos al lago. Siempre siendo y nunca dejando de ser. Vivimos en lo mas sencillo: en un libro, en una carta de amor, en una canción de Medrano. Pues como el gran Borges sabe decir, ‘’estar contigo es la medida de mi tiempo’’ y mi tiempo se ha vuelto infinito en cada instante.

No afirmo esto como una declaración sutil de amor pero tampoco lo niego.
Pues no creo en la razón completamente, por que ciertamente encuentro mas lógica en la locura del amor que se ha convertido en la locura de la vida. Como el interminable silencio del agua en la noche.

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