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Te verso

Te bebo en el whisky,
te leo en los poemas y te escribo
en el mar. Te tiendo en mi cama
y te plancho en la almohada.
Te perfumo en mi cuello y te
lavo en mis dientes.

Me gusta tu olor a sal, y tu sabor
a dulce, y me es inevitable no
 probarte en la mañana y en la tarde.
Pues en la noche eres viñedo, un malbec añejo,
fuerte, maderoso, y sutil.

Te veo en las alas de las mariposas
cambiando de color, fulminándome
en arcoíris. Te escucho en el redoble
de nuestros besos, viajando en compases
sobre tus piernas hasta tu vientre.
 Te canto en tu boca
dirigiendo nuestra sinfonía con mis labios.

Me gusta tu olor a sal, y tu sabor
a dulce, y me es inevitable no
 probarte en la mañana y en la tarde.
Pues en el ocaso te transformas de fuego a
luna: de naranja a azul.

Pero tu eres la única a la que escribo.
En los laberintos eres la curva indicada,
la confusión ideal. Le das un caos a mis letras,
provocándoles fiebre, tendiéndolas en la cama 
para que las cuides.
Por eso solo a ti te siento, te pienso y te quiero, mujer.

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