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Te verso

Te bebo en el whisky, te leo en los poemas y te escribo en el mar. Te tiendo en mi cama y te plancho en la almohada. Te perfumo en mi cuello y te lavo en mis dientes. Me gusta tu olor a sal, y tu sabor a dulce, y me es inevitable no  probarte en la mañana y en la tarde. Pues en la noche eres viñedo, un malbec añejo, fuerte, maderoso, y sutil. Te veo en las alas de las mariposas cambiando de color, fulminándome en arcoíris. Te escucho en el redoble de nuestros besos, viajando en compases sobre tus piernas hasta tu vientre.  Te canto en tu boca dirigiendo nuestra sinfonía con mis labios. Me gusta tu olor a sal, y tu sabor a dulce, y me es inevitable no  probarte en la mañana y en la tarde. Pues en el ocaso te transformas de fuego a luna: de naranja a azul. Pero tu eres la única a la que escribo. En los laberintos eres la curva indicada, la confusión ideal. Le das un caos a mis letras, provocándoles fiebre,  tendiéndolas  e...

Peso (in)soportable

Esta sombra sencillamente es un papel arrugado. Tus pies me persiguen como las notas a las partituras, siendo igualmente paradójicos, pues, aunque estemos hechos el uno para el otro, muchas veces podemos sonar mal. Me deslumbran tus palabras como rocas pesadas que se diluyen apenas tocan la marea de tu sonrisa. Me atrae una singularidad de tu mirar, como si en el fondo de esas pupilas se posaran mil universos en mil y una dimensiones viajando a través del mundo cuando te miro: desiertos, lagunas, montañas, risas, cigarrillos, cuerpos, besos, sexos. Y nada se compara a hacernos temblar entre sábanas, dominándonos, moviéndonos nuestras placas, provocando que la población de tus bellos se erice de solo pensar en la catástrofe tan hermosa que soy capaz de provocarte con mis labios. Y sin embargo, esta noche es incompleta El jazz pide su whisky pero esta agotado. El blues juega a no inspirar, si no a definir. El saxo se queja de no hacer temblar los oídos ...

Pasados repetidos

Irrumpo: Escupo el piso para ver si así nacen algunas flores en esta tierra fértil de mierda. Miro a las nubes y las insulto, intentando alejarlas para que suelten al sol de sus putas cadenas. Meo en los jardines haber si las malezas dejan de infectarnos el aire y se pudren de una vez por todas. Rompo las puntas de los lápices sobre el papel, dejando una estela de caminos escritos en mentiras, fingiendo ser poeta o literato. Y aun así no me siento el mismo. El vino es agrio, el cigarro ya no irradia el mismo humo en mis pulmones. Al parecer estamos ajustándonos a las sombras que dejamos en los callejones y nunca buscamos una puerta que nos conduzca a una canción, un Jam, un blues, o inclusive un bolero. Ya no nos dejamos impresionar por los acordes, las voces afinadas, las buenas historias, pues quizás los filósofos se equivocaron desde los principios: Si es posible bañarse dos veces en el mismo rio. Las historias se repiten una y otra vez, se parafrasean para ...

Necesito

Necesito la tinta que brote de las flores para poder pintar en el papel la primavera. Viajar en las inmensidades de la nieve y saltar el renglón hasta quemar la hoja en verano. Necesito arder las letras para prolongar el infierno, gobernar mis palabras y castigarlas. Pecar por los versos que he dejado de escribir, siguiendo los errores, masoquistas. Los cielos no dejan de mirarme con desidia, pues en ellos he navegado secando el rio: el sol se esconde, la luna se aleja y a la noche le pescan las estrellas. Yo las guardo en un vasito, para que al menos me brillen los sueños y las copas me permitan escupir pétalos para sembrarlos en mi almohada. Yo necesito recitar mis ojos, pintar mis gritos en las más maldita poesía, buscar la maldición entre los gritos y marchitar las voces de los días.

Barcos hundidos

Sobre las fabulosas fantasías de papel siempre navega un barco de tinta. Nada es indeleble y hasta la mas mínima nube cuelga de nuestros cabellos, pues el sol y la lluvia reposan en uno de ellos. Y créeme que si te digo que no hay mañana ni tarde que pueda pintar mi mano es por que ya las letras me han cegado por su querer; son adictivas, salvajes, alucinógenas. Lo efímero, no. Lo duradero, si. Solo se mantiene lo que en las literas se empolva y algún héroe discreto, como el gran Vargas Llosa, logrará revivir de la tumba lo que alguna vez dejo de ser agua para transformarse en vino. Un milagro literario. Ahora las cifras están ahogadas, nadie ve, nadie entiende, nadie vive; nos encorvamos lentamente hacia el anonimato. Los reinos se avergüenzan de que cambiemos el papel por el oro, la tinta por la ambición, la vida por la muerte.   El juego es claro y certero, el que engaña gana, el que cree pierde. La palabra ahora se volvió un maniquí que se reviste de m...