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Nuestra Mitología

Son las noches las que me hacen desear las estrellas.
En ellas, poco a poco se evidencian galaxias de tú rostro
pero no sé como alcanzarlas.
Hace años mi tinta escribió en el papel una estrella fugaz
pero se me olvidó el deseo del poema, de la vida, del amor.

No pierdo la luna porque es mi única amante.
No pierdo la noche porque es mi única cómplice y,
ahora, la risa es mi única endorfina.
Las copas de vino no saben igual pues
te hice mía, me creí tú dueño. Siempre
sentado en la misma barra.

Las sábanas son pequeñas nubes
donde, a veces, escuchaba la voz de Dios
cuando tocaba tú piel. Ni el mismo Perseo
era capaz de navegarte, pues tus sirenas
son hechiceras. Tentaciones. Y tus piernas
la puerta del Hades.

Cerbero me esperaba en cada beso
y las almas en pena salían de tus ojos.
Me llamaban para salvarlas pero yo
ya estaba perdido. Su agonía era la mía,
pero nadie podía vivir sin ella ¿la mujer o
el sentimiento?

Y ahí estábamos, colisionando vidas y
provocando huracanes de alientos.
Erizando pieles y engañando miradas.
Fumando besos y botando
esperanzas.

Mis letras querían canciones
pero cuando hablaban de ti se convertían
en poemas. Ya no somos mortales de la poesía
pues a tu lado, la tinta nos transforma en
mito.

Y tarde, me di cuenta que tú Olimpo
era la cúspide de tus mejillas. Que, desde ahí,
cualquiera que te viera se perdería en tu aliento
o tú sonrisa. Tus labios.

Son los cuerpos los que también hablan,
son las pieles los sacrificios.
Tú amor crea fieles, cuestiona la vida
e implora rezos.

Mi amor, es un aleph. Dentro de él,
se juntan todos los puntos, las luces,
las canciones, las dedicaciones,
las risas, los vientos, los tornados,
los huracanes, las copas y
las tristezas. Pero todos los puntos,
apuntan a ti. Tú eres mi mitología.


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