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Catársis

Empiezo a dibujar un poema de pisadas rotas, donde los caminos son grietas, y abajo abismos. Defino cada paso que doy sobre la piedra, pintando las letras con el borde de mi pie. Sangran. A medida que voy avanzando, las huellas que dejo atrás sirven de tinta para amantes. La luna sencillamente es la lámpara sobre el papel (o regalo para musas tristes). Sin embargo, no me conformo con lo que he trazado. Miro y siento que no he empezado a caminar siquiera. Es una metáfora dentro de una metáfora. Como un cuadro de otro cuadro. O un beso dentro de otro beso. Me doy cuenta, que ya he llegado. He caminado en círculos, sin dejar rastro, pero recordando cada lugar que mis ojos pintaron. Ya mis dedos son pinceles, mi iris pintura, y la planta de mis pies, la pluma. Me he escrito a mi (incompleto). Odiando cada defecto que construí y amando seguir teniéndolos. El poema que gira en esta historia soy yo. Lleno de cicatrices, borrones y romanticism...

De noches y madrugadas

Te me escapas de las notas del saxo. Sales de el, pero intento atraparte en la partitura. Logro que seas esa corchea que figura en mis dedos tocando, una y otra vez, el ritmo de un jam de jazz Resuenas en los hielos del whisky y, mientras te bebo, siento que me embriagas todo el cuerpo. Pasas por el mismo vaso, durante muchos desvelos, hasta ser mi licor preferido en esas noches bohemias. Te enciendes y, poco a poco, figuras en mi cigarrillo: haciéndote humo, volando lejos, entrando y saliendo constantemente de mi pecho. Me dejas sin aire pero así me gustas más. Te fumas mis noches. Las enciendes con simples pero encantadoras miradas. Impregnas tu tabaco en mis ropas, mis manos y mi boca. En las noches, viajas conmigo en mi sabana, haciendo de mi cama, nuestra mejor aventura. En las mañanas, nos levantamos escupiendo mariposas, cantando a Spinetta. Combinando tu vuelo perdido con mis alas torcidas. Escribiéndonos poemas con labial en el vidrio de...

Te verso

Te bebo en el whisky, te leo en los poemas y te escribo en el mar. Te tiendo en mi cama y te plancho en la almohada. Te perfumo en mi cuello y te lavo en mis dientes. Me gusta tu olor a sal, y tu sabor a dulce, y me es inevitable no  probarte en la mañana y en la tarde. Pues en la noche eres viñedo, un malbec añejo, fuerte, maderoso, y sutil. Te veo en las alas de las mariposas cambiando de color, fulminándome en arcoíris. Te escucho en el redoble de nuestros besos, viajando en compases sobre tus piernas hasta tu vientre.  Te canto en tu boca dirigiendo nuestra sinfonía con mis labios. Me gusta tu olor a sal, y tu sabor a dulce, y me es inevitable no  probarte en la mañana y en la tarde. Pues en el ocaso te transformas de fuego a luna: de naranja a azul. Pero tu eres la única a la que escribo. En los laberintos eres la curva indicada, la confusión ideal. Le das un caos a mis letras, provocándoles fiebre,  tendiéndolas  e...

Peso (in)soportable

Esta sombra sencillamente es un papel arrugado. Tus pies me persiguen como las notas a las partituras, siendo igualmente paradójicos, pues, aunque estemos hechos el uno para el otro, muchas veces podemos sonar mal. Me deslumbran tus palabras como rocas pesadas que se diluyen apenas tocan la marea de tu sonrisa. Me atrae una singularidad de tu mirar, como si en el fondo de esas pupilas se posaran mil universos en mil y una dimensiones viajando a través del mundo cuando te miro: desiertos, lagunas, montañas, risas, cigarrillos, cuerpos, besos, sexos. Y nada se compara a hacernos temblar entre sábanas, dominándonos, moviéndonos nuestras placas, provocando que la población de tus bellos se erice de solo pensar en la catástrofe tan hermosa que soy capaz de provocarte con mis labios. Y sin embargo, esta noche es incompleta El jazz pide su whisky pero esta agotado. El blues juega a no inspirar, si no a definir. El saxo se queja de no hacer temblar los oídos ...

Pasados repetidos

Irrumpo: Escupo el piso para ver si así nacen algunas flores en esta tierra fértil de mierda. Miro a las nubes y las insulto, intentando alejarlas para que suelten al sol de sus putas cadenas. Meo en los jardines haber si las malezas dejan de infectarnos el aire y se pudren de una vez por todas. Rompo las puntas de los lápices sobre el papel, dejando una estela de caminos escritos en mentiras, fingiendo ser poeta o literato. Y aun así no me siento el mismo. El vino es agrio, el cigarro ya no irradia el mismo humo en mis pulmones. Al parecer estamos ajustándonos a las sombras que dejamos en los callejones y nunca buscamos una puerta que nos conduzca a una canción, un Jam, un blues, o inclusive un bolero. Ya no nos dejamos impresionar por los acordes, las voces afinadas, las buenas historias, pues quizás los filósofos se equivocaron desde los principios: Si es posible bañarse dos veces en el mismo rio. Las historias se repiten una y otra vez, se parafrasean para ...